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S.A.[Anónima] arquitectura: “del agua” »

de la captación, de su tratamiento, de su uso, de su re uso, de todo…

El martes 17 de julio me desperté con la noticia de que el arquitecto Jorge Legorreta director de Metrópolis, Centro de Información de la Ciudad de México, había muerto,

El sábado 14 de julio cayó sobre la Ciudad de… seguir leyendo click aqui

Martin Munkacsi: Working toward a Greater New York, 1940Martin Munkacsi: Working toward a Greater New York, 1940

Martin MunkacsiWorking toward a Greater New York, 1940

(Source: luzfosca)

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(Source: jirx)

panoptic: ¿Cómo regenerar la ciudad? panoptic: ¿Cómo regenerar la ciudad? 

panoptic: ¿Cómo regenerar la ciudad? 

S.A.[Anónima] arquitectura: “nada es gratis” »

de la profesionalización del espacio

que cara sale la falsa idea de creer que todos tenemos conocimiento para casi todo….no es así, “no todos somos médicos, directores de la selección de futból, ni arquitectos”, podemos opinar, pero no auto-medicarnos, no auto-golearnos, no auto-construir.

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Despliegue creativo en Hamburgo


El puerto alemán en un vibrante centro de tendencias, con el auditorio Herzog & De Meuron como icono cuando se abra en 2014. Un visita a Hafen City y el museo de Brahms.

La segunda ciudad de Alemania tiene solo 1,8 millones de vecinos, que se mueven en un área tan extensa como Nueva York. O sea, que sobra verde, y agua, por todas partes. Ciudad anfibia y marinera, con el tercer puerto de Europa; lo curioso es que el mar queda a 110 kilómetros. Pero el río Elba, en complicidad con el Alster, suple bien la ausencia. El trajín marítimo está en los genes de la ciudad, desde el Hansa medieval al auge del XIX, y le dio riqueza material (aunque no hubo sensibilidad suficiente y se destruyeron sin escrúpulos la catedral de Santa María, en 1804, o la fachada renacentista de la Casa Inglesa, tal como cuenta Rüdiger Safranski en su obra Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía, dedicada al filósofo que vivió en la ciudad parte de su niñez y su adolescencia). Ya en el siglo XX, por desgracia, las bombas de la última guerra mundial arrasaron más de la mitad de sus edificios, y casi por completo el puerto. Paradójicamente, eso ha servido para que Hamburgo, sobre todo en los últimos años, se haya convertido en un laboratorio de arquitectura y vanguardia; hay planes cerrados hasta 2030. Y como es ciudad rica (con 13.000 multimillonarios, dicen), llueven las ideas artísticas, cunde el refinamiento, pero no faltan las voces alternativas y los acentos mestizos.

9.00 Especias y ultramarinos

Conviene hacerse, ante todo, con la Hamburg Card (8,90 euros un día, 20,50 tres días) o tomar una bici (el sistema StadtRAD brinda más de mil bicicletas en 72 puntos, se pueden alquilar con el móvil). Y enseguida dirigirse a la Speicherstadt (1), “la ciudad de las especias” que creció ladrillo a ladrillo, con cierta coquetería, entre 1888 y 1927, en brazos o canales del Elba. La actividad en muelles y almacenes con productos de ultramar obligó a crear, al fondo de ese barrio, otro dedicado a oficinas (Kontorviertel). Una de las pioneras fue la Casa Chile (2), que el arquitecto Fritz Höger levantó en 1922 para un comerciante de nitratos. El macizo edificio de ladrillo negruzco es obra capital del expresionismo alemán. Uno de los frentes recuerda la proa de un barco (y algunos lo consideran eco del edificio Flatiron de Nueva York). Ahora aloja oficinas y apartamentos, restaurantes, galerías de arte y la sede local del Instituto Cervantes. Para completar la visión marítimo-comercial se puede pasear por canales y muelles, o entrar en museos temáticos cercanos, como el de Aduanas (3) o el Museo Marítimo (4).

11.00 Ciudad de la utopía

La prolongación natural de ese barrio viejo es la nueva Hafen City (5). Un proyecto colosal que arrancó en 2000 y no se completará hasta 2025, o más. Se trata de crear en antiguos terrenos portuarios una ciudad del futuro, en la que están interviniendo arquitectos como Richard Meier o Dietmar Feichtinger. El plano de Hamburgo crecerá así hasta un 40%. Los hamburgueses ya han tomado posesión de las calles y plazas terminadas (Magellan y Marco PoloTerrassen). La “guinda” de esta golosina urbana es la Elbphilharmonie (6), edificio aéreo que se ve desde todo el barrio y está llamado a convertirse en el icono de la ciudad. Los continuos retrasos, y las desavenencias entre promotores y constructores por el desorbitado aumento de los costes (se calcula que entre 500 y 600 millones de euros, más del doble del presupuesto original), han aplazado la apertura hasta, previsiblemente, 2014. Es como una ola traslúcida, o una gigantesca caja de música: síntesis de dos rasgos esenciales de Hamburgo, el tráfico marítimo y la música.

12.00 La milla musical

La guerra destruyó la casa donde naciera Johannes Brahms, en Speckstrasse. Cerca de allí se dispuso en 1969 un pequeño Museo Brahms (7) que no reproduce la vivienda original, sino que alberga fotos, recuerdos, partituras: un lieu de mémoire. Tan exitoso que, al lado mismo, abrieron el año pasado otra casa dedicada a Teleman, quien pasó en Hamburgo los últimos 46 años de su vida. Ambas casas se encuentran en la breve Peterstrasse, una de las calles más lindas de Hamburgo. La Fundación Carl-Toepfer quiere convertirla en la Komponistenmeile (milla de compositores) y abrir en breve otras cuatro casas dedicadas a Carl Philip Emanuel Bach (vecino que en vida fue tan estimado como su padre), a Felix Mendelssohn y a su hermana Fanny, ambos nacidos a escasas manzanas (los críticos consideran ahora a Fanny con un talento a la altura del de su hermano) y a Gustav Mahler, director por un tiempo de la orquesta de la ciudad. La afición musical no se ciñe a lo clásico, Hamburgo es conocida como “la ciudad de los musicales”.

13.00 Altstadt, la ciudad vieja

Los canales (Fleet) del Alster nos llevan al ombligo de la ciudad, allí donde se encuentran el Ayuntamiento (8) neorrenacentista, las iglesias de St. Petri (9) y St. Jakobi (10) y las Alster Arkaden (11) (pórticos) o el Jungfernstieg (12), el muelle-ágora a orillas del Alster donde el pulso ciudadano se dispara: terrazas, paseantes, skaters, piragüistas, barcos de recreo por dos “lagos” o represas del río, Binnenalster y Aussenalster (Alster interior y exterior). Por allí se ubican tiendas y locales elegantes, la Hauptbanhof (13) (estación central) y la muy recomendable Kunsthalle (14), que reparte sus colecciones artísticas en tres edificios contiguos. También algunos de los mejores hoteles y restaurantes. Un sitio chic para comer: Café Paris (15) (Rathausstrasse, 4); en Hafen City: Carls Bistro (16) (Kaiserkai, 69) y Chilli Club (17) (Sandtorkai, 54).

16.00 Emprendedores hacia América

Cada barrio hamburgués es un mundo. Unos más alejados, como Ballinstadt (18), aguas arriba del Elba, donde se abrió hace un par de años un fascinante ¿museo? sobre los cinco millones de emigrantes alemanes que, entre 1850 y 1939, salieron de este puerto y llevaron al Nuevo Mundo inventos como la hamburguesa, los Levi’s o el kétchup Heinz. Por el lado opuesto, aguas abajo del río, Altona (19) es barrio creativo, con estación propia de tren y museo de barrio, además de un precioso Ayuntamiento y casas patricias. El barrio de Sternschanze (20) (vulgo “Schanze”), antes lleno de portugueses, está tomado por diseñadores y gente inquieta, como el mediático cocinero Tim Mälzer, que ha abierto en un antiguo matadero un restaurante de moda, Bullerei, y un café, Deli, más asequible a clientes financieramente normalitos (Lagerstrasse, 34).

20.00 Los barrios del pecado

Fronterizo con “Schanze” y Altona, St. Pauli (21) carga con el estigma de ser el barrio rojo. Y es verdad que era alivio de marineros, cuando los barcos se demoraban días en cargas y descargas, y sigue habiendo una calle (Herbertstrasse) con escaparates de chicas. Pero en la arteria principal, Reeperbahn, las sex shops alternan ahora con bares y restaurantes llenos de turistas que acuden en manada a consumir su ración de transgresión canalla. Otro barrio noctámbulo es St. Georg (22), cerca de la Hauptbahnhof, antes ocupado por emigrantes turcos y ahora tomado por el ambiente gay. Su eje, Lange Reihe, está repleto de garitos y cafés, como Westerwind, donde se puede cenar bien. En St. Pauli, un lugar espectacular para cenar o tomar copas es East (Simon-von-Utrecht-Strasse, 31). Y para dormir, el nuevo Barceló Hamburg (Ferdinandstrasse, 15) combina elegancia con trato personal y precios llevaderos.

originalmente publicado en El Pais

El Génoma Urbano


imagen de Iwan Baan.

Pablo León para el diario El País

Lo que ocurre en las ciudades no siempre es evidente. El día a día está formado por escenas cotidianas que se repiten en un bucle semejante al del día de la marmota. Pensamos que la rutina personal de los habitantes de una urbe marca el ritmo de la misma. Esa afirmación es en parte cierta pero no hay que olvidar que esas personas van a interaccionar con las calles, edificios y parques en función de cómo estén dispuestos: el urbanismo determina la rutina de los ciudadanos. La ciudad tienen una sintaxis; un código no escrito que explica por qué los turistas recorren las calles a diferentes horas que los ciudadanos; las motivaciones de los peatones que se saltan el semáforo en rojo cuando el tráfico es menos ajetreado o las razones por las que las intersecciones actúan como plazas públicas. Apuntes cotidianos que cualquiera puede hacer sentado en un banco; la gente que descansa en los asientos públicos, observa la ciudad con más atención que los caminantes. Usando las calles del SoHo neoyorkino como laboratorio experimental, dos investigadores del MIT (el afamado Instituto Tecnológico de Massachusetts), Anne Mikoleit y Moritz Pürckhauer, han publicado sus conclusiones en Urban Code. Un compendio de lecciones, extrapolables a muchas capitales del mundo, que demuestra que lo más importante para mejorar el urbanismo de las ciudades es observarlas.

La rutina es el pilar de la vida urbana. Así, las mañanas en los centros son un caos. Durante esas primeras horas del día se concentra la carga y descarga para locales y tiendas. Ocurre en el SoHo, en Madrid o en Londres. Esta costumbre genera previsibles atascos y stress circulatorio en el centro. Suele ser a la misma hora y cualquier habitante lo percibe. Lleva ocurriendo años. A pesar de ello se hacen pocos esfuerzos por cambiarlo; parece que se ha instalado la idea de que el espacio público se utiliza no se piensa.   

“Sin espacio público, un sistema social no puede sobrevivir”. Esta frase del arquitecto y divulgador austriaco Christopher Alexander se puede aplicar a las calles actuales. Esas avenidas fueron concebidas como parte de la ciudad, como lugar de encuentro en la misma. Fue así hasta que en los sesenta los coches obligaron al traslado y al acotamiento de esas zonas. La calle pasó a ser un lugar de aparcamiento, de uso pero no de disfrute.

La aglomeración de gente, los paseos bajo el sol o la relación entre las zonas verdes y los lugares en los que nos citamos son algunas del centenar de observaciones, aparentemente casuales, que han realizado los autores del Urban Code. Aunque en el volumen no se habla directamente de la bicicleta, cada una de las lecciones ayuda a comprender la ciudad. No como un mero espacio sino como lugar donde nos relacionamos.

Desde el sillín las urbes se sienten más cercanas. El urbanismo imperante obliga al ciclista a pensar; a escuchar el pulso y el ritmo de la ciudad ya que tiene que escurrirse por ella. Sentir ese latido debería ser la primera tarea de un alcalde y su equipo de urbanismo. En el libro no se descubre nada nuevo: los turistas hacen compras y cargan bolsas con marcas de acá para allá. No es tan evidente que cuando una tienda de una marca regala una bolsa con su logo impreso está haciendo product placement urbano. La realidad de la ciudad en la que vives marca la manera en la que te mueves, el modo en el que te relacionas y afecta directamente a la calidad de vida. Estas observaciones no son extrapolables a todos los lugares del mundo. Cada uno puede hacerlo en su ciudad. No solo para saber donde vive sino porque el ambiente urbano se disfruta más si se entienden los diferentes elementos que lo componen.

pier vittorio aureli - from the ruins of the post-fordist city #2, 2010pier vittorio aureli - from the ruins of the post-fordist city #2, 2010

pier vittorio aureli - from the ruins of the post-fordist city #2, 2010

(Source: wmud)

Singapore’s botanical attraction, Gardens By The Bay, features two “Supertrees” — vertical hanging gardens that stand about 50 meters tall and are connected by a walkway. The Gardens formally open in June.

Neat!

(Photos: Wong Maye-E / AP via The Telegraph)

(Source: inothernews)

Estudio sobre la ciudad de Chihuahua. Bordes, 2010. 
via urbanikaEstudio sobre la ciudad de Chihuahua. Bordes, 2010. 
via urbanika

Estudio sobre la ciudad de Chihuahua. Bordes, 2010. 

via urbanika