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green stairs
(Source: theabsolution)
Single Hauz.
by Front Architects.
(Source: chasind)
H2OBITAT (Brussels)| Colliding cutting-edge ecological knowledge with critical design proposals | Berlage Institute
via cerreyes-dpr-bcn
La casa esta ubicada en un lote suburbano de 2.400 m2 ( 20m X 40m) a 20 km de Asuncion, la vegetacion es tipica de la zona con arboles nativos de buen porte y una pequena plantacion de frutales al centro del terreno.

El volumen principal se implanta en el centro en un claro del terreno con un formato rectangular en posicion transversal este-oeste y el volumen que contiene a los locales de servicio y quincho al oeste sobre la medianera construido con la idea de un movimiento de suelo y con un techo jardin.


La idea escencial se construye pensando en el comportamiento estructural de una viga simplemente apoyada con voladizos a los extremos como contrapeso de la posible deformacion de una gran luz libre al centro.


La casa se apoya sobre cuatro columnas en planta baja con una luz de 15 mts libre y dos voladizos laterales al extremo de 3.90 mts., la planta alta se cierra con dos placas apoyadas sobre las columnas y sobre estas se apoyan dos grandes vigas de 1.60 m en posicion longitudinal que soportan y cuelgan las losas de techos, entrepisos.


Finalmente todos los estos elementos se ordenan en una suerte de sintesis formal en un solo movimiento en forma de rulo que definiran, un gran espacio abierto y transparente en planta libre sobre el nivel del terreno, un espacio intimo y cerrado al interior del giro y otro para instalaciones tecnicas o doble techo como respuesta al clima.




Ubicación: Mariano Roque Alonso, Paraguay
Arquitecto: Javier Corvalan Espinola – Laboratorio de Arquitectura
Colaboradores: Lukas Fuster, Sonia Carisimo, Miguel Brugada, Andres Careaga
Ingeniero Estructural: Ing. Enrique Granada
Empresa Constructora: ARTEC S.R.L.
Superficie del terreno: 2.832 m2
Superficie Construida: 430 m2
Año: 2004/2005
Fotografía: Leonardo Finotti

El año 2007 fue importante en nuestra historia. Por primera vez, más de la mitad de la población mundial ya vivía en las ciudades. Desde entonces, esa proporción no ha dejado de crecer y seguirá haciéndolo: se espera que en 2050 la población mundial haya aumentado un 50% y el 70% de los habitantes se concentre en núcleos urbanos.
En 1950, Nueva York era la única ciudad del mundo con más de 10 millones de habitantes. En 1975, había cinco ciudades que superaban ese umbral; en 2010, se contabilizan 22, y las previsiones apuntan a que se llegará a 26 ciudades con más de 10 millones de habitantes en 2015.
Estos cambios se han traducido también en un mayor peso económico de las ciudades -el 20% del PIB mundial lo generan las 10 ciudades más importantes del planeta-.
Las ciudades generan grandes oportunidades para el desarrollo económico, el empleo y la creación de riqueza, pero su creciente importancia también tiene aspectos negativos y uno de ellos es el daño al medioambiente. Aunque sólo ocupan el 1% de la superficie terrestre, consumen el 75% de la energía mundial y generan el 80% de los gases de efecto invernadero. Esta situación exige replantearse el modelo de crecimiento urbano que se ha seguido hasta ahora, ya que en algunos casos se ha llegado a límites insostenibles.
Una de las razones que han llevado a esta situación es que las infraestructuras crecen de forma más lenta que la población y no pueden afrontar sus necesidades, lo que genera altos niveles de contaminación, escasez de agua y energía, problemas de acceso a una sanidad de calidad, dificultades en el transporte, seguridad o gestión de residuos, entre otros, lo que repercute negativamente en la calidad de vida de los ciudadanos.
En los próximos 25 años, las ciudades tendrán que invertir unos 30 billones de euros en tecnologías sostenibles para la mejora de infraestructuras en agua, transportes y electricidad. Se trata de una enorme factura que las administraciones públicas no podrán asumir solas, por lo que los acuerdos de colaboración público-privada serán cada vez más importantes.

Las ciudades son conscientes de esta situación. Ayuntamientos de todo el mundo, y en Siemens sabemos de ello ya que estamos en 191 países, desarrollan planes para garantizar un crecimiento sostenible. Y en muchos casos, para la implantación de estos proyectos cuentan con nuestra colaboración, ya que disponemos de la cartera de productos, soluciones y servicios respetuosos con el medioambiente más amplia del mundo.
Ahora es el momento de tomar decisiones. La solución requiere apuestas decididas por la innovación, como por ejemplo la inversión en nuevas tecnologías que permitan mantener la calidad de vida en las ciudades, aumentar la competitividad y, al mismo tiempo, proteger el medioambiente.
La inversión en sistemas de eficiencia energética en edificios, por ejemplo, tiene una gran importancia, ya que éstos consumen el 40% de la energía mundial y generan el 21% de las emisiones de CO2. El Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático estima que la utilización de tecnologías más eficientes en edificios puede reducir sus emisiones hasta un 40% en 2030.
En Shanghai, Siemens es la encargada de la renovación del sistema de distribución de energía del distrito financiero de Yangpu. La utilización de sistemas de última generación para edificios reducirá la factura energética un 16% sin problemas financieros para los clientes, ya que recuperarán la inversión realizada a través de los ahorros generados.
El suministro de agua es otro de los grandes problemas a los que se enfrentan las ciudades. En 2015, más de 2.000 millones de personas sufrirán problemas derivados de la escasez de agua. La innovación, también aquí, es la mejor herramienta para combatir este problema. En Singapur cada día se procesan 40.000 metros cúbicos de aguas residuales que después se incorporan a la red de abastecimiento ciudadano, cumpliendo los estándares marcados por la Organización Mundial de la Salud. Por otro lado, cuentan con una tecnología capaz de desalinizar agua con un 50% menos de energía que los sistemas tradicionales. Los habitantes de Singapur están orgullosos de este proyecto y el agua tiene una calidad tan buena que se utiliza en las recepciones del primer ministro.
De todas las infraestructuras urbanas, las relacionadas con la movilidad están entre las más importantes y tienen una relación directa con la calidad de vida de los ciudadanos, su competitividad y el nivel de emisiones. Los atascos son una de las principales causas no sólo de contaminación, sino de pérdida de competitividad. De hecho, estudios señalan que en Europa generan unos costes de más de 100.000 millones de euros al año.

En la ciudad de São Paulo, Siemens y la empresa brasileña Agrale han desarrollado un autobús híbrido para la red de transporte urbano. Cada vehículo reduce sus emisiones en más de un 30% ¡y hay más de 15.000 autobuses sólo en Brasil!
Las grandes ciudades desempeñarán un papel crucial en la reducción de las emisiones de CO2 y Nueva York es un buen ejemplo de este compromiso con las energías limpias. El alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, espera reducir las emisiones de CO2 en un 30% hasta 2030 gracias a la modernización de sus centrales eléctricas y la instalación de parques eólicos terrestres y marinos.
El envejecimiento de la población es otro reto al que tendrán que enfrentarse las ciudades. La inversión en tecnologías de diagnóstico precoz e información sanitaria permitirán el desarrollo de sistemas más sostenibles que generan un triple beneficio: al sistema sanitario (menos costes energéticos, más eficiencia y gastos más controlados), a la sociedad (mejores programas sanitarios, más calidad de vida e importantes ahorros) y al paciente (procesos más rápidos y tratamientos de mayor calidad).
Todos estos ejemplos demuestran que las administraciones públicas son conscientes de la magnitud del reto al que se enfrentan, que la tecnología es la solución y que ya está disponible. En España, los ayuntamientos de nuestras principales ciudades realizan también un importante esfuerzo para garantizar un crecimiento sostenible. Implantación y desarrollo de sistemas de eficiencia energética en los edificios para adecuar sus consumos, instalación de autobuses híbridos e infraestructuras de recarga para el coche eléctrico o sistemas inteligentes de iluminación callejera ya son una realidad en las ciudades más importantes de nuestro país.
Durante más de 114 años, Siemens ha contribuido al desarrollo de la sociedad española desde diferentes campos. Hoy, Siemens, el gigante de las infraestructuras verdes, dispone de la tecnología necesaria para hacer de nuestras ciudades sitios mejores para vivir. Todos juntos podemos y debemos trabajar hoy para dejar a nuestros hijos un mundo que sea, al menos, tan bueno como el que nosotros nos encontramos.
Hace ya muchos siglos, una sociedad que marcó el desarrollo de la cultura occidental moderna -la griega- dio mucha importancia a las Polis, las ciudades. Hoy, otra sociedad llamada a marcar el futuro de la humanidad -la china- alerta de la importancia de las ciudades a través de una exposición universal dedicada exclusivamente a este tema.
Desde ayer y durante 184 días, más de 200 naciones y organismos internacionales y más de 70 millones de visitantes se darán cita en el lejano oriente para compartir soluciones en busca de un mundo mejor. El lema de la Expo no puede ser más elocuente: “Better city, better life” y con él los organizadores esperan crear un foro de debate adecuado en el que buscar soluciones sobre cómo crear una sociedad mejor, más sostenible y respetuosa. Esperemos que en China entre todos avancemos en la dirección adecuada. Nuestro futuro y el de nuestros hijos nos va en ello.

-por Francisco Belil (consejero delegado de Siemens en España y Suroeste de Europa).
via @manufernandez

by
Merging complex systems science and ecology, resilience scientists have broken new ground on understanding—and preserving—natural ecosystems. Now, as more and more people move into urban hubs, they are bringing this novel science to the city.
Four-and-a-half years ago, Hurricane Katrina plowed into the coast of Louisiana, pummeling New Orleans for eight hours straight with high-speed winds and storm surges reaching 15 feet. Swollen beyond capacity, Lake Pontchartrain spilled into the northern part of the city, and the federal flood protection system, built to protect NOLA from a repeat of Hurricane Andrew, failed in more than 50 places. One day later, nearly every levee in the metro district had been breached, leaving 80 percent of the city underwater.
In the aftermath, Americans watched in disbelief as thousands of newly homeless poured into the Superdome for shelter and TV cameras captured those left behind clinging to rooftops, wading through the streets, and looting empty storefronts. Scenes of destruction, desperation, and poverty, made only more poignant by the overwhelming evidence of official negligence. New Orleanians themselves, as the New York Times put it, were left “terrified, stunned, gasping, speechless.”

But to some scientists, what happened in New Orleans, while devastating, wasn’t very surprising or unexpected. They see a system that was insufficiently robust to handle the blow it was dealt. They see a highly ordered, complex state—commercial districts and neighborhoods, social networks and infrastructure networks, cycles of water, energy, and food consumption—reduced to a state of chaos and disorder. From this perspective, the problem wasn’t merely an incompetent leadership and not enough FEMA trailers. It was a fundamental question of resilience.
Resilience theory, first introduced by Canadian ecologist C.S. “Buzz” Holling in 1973, begins with two radical premises. The first is that humans and nature are strongly coupled and co-evolving, and should therefore be conceived of as one “social-ecological” system. The second is that the long-held assumption that systems respond to change in a linear, predictable fashion is simply wrong. According to resilience thinking, systems are in constant flux; they are highly unpredictable and self-organizing, with feedbacks across time and space. In the jargon of theorists, they are complex adaptive systems, exhibiting the hallmarks of complexity.

A key feature of complex adaptive systems is that they can settle into a number of different equilibria. A lake, for example, will stabilize in either an oxygen-rich, clear state or algae-dominated, murky one. A financial market can float on a housing bubble or settle into a basin of recession. Historically, we’ve tended to view the transition between such states as gradual. But there is increasing evidence that systems often don’t respond to change that way: The clear lake seems hardly affected by fertilizer runoff until a critical threshold is passed, at which point the water abruptly goes turbid.
Resilience science focuses on these sorts of tipping points. It looks at gradual stresses, such as climate change, as well as chance events—things like storms, fires, even stock market crashes—that can tip a system into another equilibrium state from which it is difficult, if not impossible, to recover. How much shock can a system absorb before it transforms into something fundamentally different? That, in a nutshell, is the essence of resilience.

The concept of resilience upends old ideas about “sustainability”: Instead of embracing stasis, resilience emphasizes volatility, flexibility, and de-centralization. Change, from a resilience perspective, has the potential to create opportunity for development, novelty, and innovation. As Holling himself once put it, there is “no sacred balance” in nature. “That is a very dangerous idea.”
Over the past decade, resilience science has expanded beyond the founding group of ecologists to include economists, political scientists, mathematicians, social scientists, and archaeologists. And they have made remarkable progress in studying how habitats—including coral reefs, lakes, wetlands, forests, and irrigation systems, among others—absorb disturbance while continuing to function.
New Orleans, however, presents an interesting example to resilience scientists. If a lake can shift from clear to murky, could a city shift to a dramatically different stable state too? If biodiversity in ecosystems makes them resilient to disturbance, could diversity in urban systems serve a similar purpose? “Cities aren’t dominated by nature to the same extent as things like lakes and wetlands and coral reefs,” says Australian ecologist Brian Walker, “But we wondered, could we look at them in the same way?”
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La Facultad de Arquitectura de la UNAM y el Goethe Institut Mexico invitan a la inauguración de la exposición:
Hecho en Alemania.
Arquitectura + Ecología
3 de febrero de 2010 / 12:00 horas.
Vestíbulo del Edificio Principal. Facultad de Arquitectura, Ciudad Univertsitaria, México, D.F.
MAS INFORMES:
Coordinación de Difusión de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Tels.: 5622 0211 y 5622 0212
Mowing to Growing A Design Competition for creating productive green space…
Seeking architects, urban designers, planners, engineers, scientists, artists, students and individuals of all backgrounds:
How can we break the American love affair with the suburban lawn?
Can green houses be incorporated in skyscrapers?
What are the urban design strategies for food production in cities?
Can food grow on rooftops, parking lots, building facades?
What is required to remove foreclosure signs on lawns and convert them to gardens?
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