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por Carlos Rubio para el diario REFORMA

Madrid, España (22 mayo 2011).- Plantear e inventar situaciones a manera de experimentos en áreas públicas a través de la excusa del jardín y las plantas, con el fin de redimensionar al ser humano y ampliar su conciencia, es el objetivo que persigue el artista mexicano Jerónimo Hagerman (Ciudad de México, 1967), quien acaba de inaugurar en el Centro Cultural Matadero un sistema modular dinámico de islas vegetales llamado Archipiélago.
El Archipiélago ofrece al visitante una nueva posibilidad de interactuar con el espacio a través de las plantas y la geometría, conformando, señala el artista, una estructura viva que irá modificándose a lo largo del tiempo.
Hagerman ha tenido contacto con España;el año pasado realizó una intervención en la Fundación Miró de Barcelona y otra en la Fundación Párraga de Murcia, y presentó una exposición en Casa de América, producto de la cual recibió una invitación para intervenir en uno de los corredores del Matadero de Madrid.
“Pero mis obras abordan el conflicto que existe cuando hay un espacio específicamente diseñado para humanos que tiene que convivir con el exterior y cómo resolvemos esto”, dice.
Para el artista, el espacio exterior y su entorno vegetal son algo que en nuestra memoria acaba borrándose y convirtiéndose en una cosa cotidiana de la cual apenas nos percatamos en nuestra vida diaria.
“Salimos a la calle y casi ni pensamos que los árboles pueden tener el tamaño de un dinosaurio, que las plantas duran mucho más que nosotros, que tienen otra dinámica y se están moviendo y creciendo a una velocidad muy distinta a la que estamos acostumbrados, así que todo eso, al repensarse, hace que cambie nuestra percepción del mundo y nos reconciliemos con el exterior en tiempos donde la gente se siente muy amenazada y busca protección”, sostiene.
Evolución artística
Hagerman recuerda que un proyecto similar llamado Lugar cero en la Torre Latinoamericana, la Plaza de Santo Domingo y la calle Regina demostró cómo cambia la percepción del exterior con intervenciones de este tipo.
“Ese proyecto de repente se convirtió en el jardín de los enamorados, y la gente iba a darse besos y estaba muy cómoda, e incluso no querían que lo quitasen”.
El Archipiélago del Matadero de Madrid, observa Hagerman, es la evolución de la intervención que hizo en México, ya que el Jardín Radial mexicano era una especie de banca compartida y ahora trata de integrar diferentes elementos básicos que parten de la geometría y de alguna manera reproducen esquemas subatómicos de moléculas.